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Gonzalo Oliveros   28/01/2019

Gonzalo Oliveros | Conductor

Gonzalo Oliveros lleva más de tres lustros en la creación y producción radiofónica. Comenzó como parte del equipo creativo de NRM, de donde saltó...

Muchos relacionan el número 13 con la mala suerte basados en los asistentes a la última cena de Jesucristo.

Cuenta la anécdota que, cuando se dieron las concesiones de los canales 13 y 8 de televisión abierta, los regios dueños de Televisión Independiente de México le pidieron a Francisco Aguirre padre que les cambiará la frecuencia que le habían asignado ya que para ellos el 13 era de mal Fario.

Así, entre supersticiones y costumbrismos hemos transitado durante 13 años a través de un concepto de radio complicado de hacer y que ha durado más que lo que muchos hubieran querido, esperado o presagiado.

Y sí, navegar en el mar mexicano de medios es peligroso y cansado, muy cansado. No solo porque debes de sortear a las sirenas del éxito fácil y superficial sino, también, porque el trayecto se llena de reacciones típicas de nuestras relaciones personales.

¿Hasta dónde puede cambiar RMX? ¿Hasta cuando durará un concepto de radio funcionado? Ambas preguntas, como hace trece años, son inciertas.

Hace 4747 días, la apuesta al fracaso era enorme. Relatar la historia cansa, pero vale la pena recordarlo para quienes, una vez más, reacciona como otros en ese entonces.

RMX estaba destinada al fracaso desde la óptica del conservador que detestaba a chilangos en la radio tapatía, que no aguantaba que la programación se abriera a algo más que Cuca o Café Tacuba o Jaguares. RMX comenzó a transmitir en condiciones técnicas complicadas al extremo, donde sólo podía ser escuchada en Ciudad de México por dos personas el mismo tiempo.

No, no había teléfonos inteligentes y las redes sociales no avanzaban más allá del Myspace

El discurso radiofónico y social era limitado y domésticado. La proeza de Superstereo era la pega de calcas y eso era el límite y meta.

Yo tenía otros planes que debían reventar antes de 90 días. Si fracasaban, la estación terminaría en un esfuerzo abortado.

Muchos, en 13 años, se han quejado de mis tonos y tratos. Nunca han pensado, por 30 segundos, lo difícil que es convencer al cliente interno y externo de que un concepto libre de radio puede funcionar en una sociedad que ha cambiado enormemente sus hábitos de consumo en el mismo periodo. 

Porque conceptos similares también se habían enfrentado a cambios bruscos en las preferencias de la audiencia, pero nunca de forma tan atomizada y frontal como en estos tiempos. La época de 101, W y 98 y 1/2 tenían a la televisión por cable y al internet enfrente, pero la radio sobresalía por su valor y cercanía.

RMX se ha enfrentado a un entorno hostil y corrupto, donde la labor de construcción social -genuina, complicada, entrañable- ha tenido boicots y tropiezos, algunos públicos y otros íntimos pero, no por ello, igual de azarosos.

La estación ha contribuido a un cambio importante en el discurso y aportación social. Testigos somos de una ciudadanía que se da la mano en problemas de movilidad, abasto o emergencia. Hemos visto como pasamos de la normalidad de usar gay o marihuano como insulto a la aceptación y legalización desde la reflexión de todos: políticos, activistas y ciudadanos.

Creamos espacios donde el político se exhibe y -como siempre- pensamos en el futuro de la audiencia más que en nuestro propio futuro. Muchos de los que hoy son gobierno pasaron por los micrófonos de RMX y descubrieron que existe otro oyente menos prejuiciado, más abierto a escuchar razones y contribuir a la mejora colectiva.

Y, en ello, creamos el festival gratuito más grande del país, transmitimos desde donde está la acción o la necesidad, decubrimos ideas y sonidos que vibran antes, incluso, de la vibración monetaria de los bolsillos de los competidores.

Muchos pensaran que hoy tenemos la mira puesta en un mercado Y, como antes, se equivocan: RMX no es un concepto pensado en regiones sino en personas y sus similitudes: sus sueños, anhelos, ideas, fortalezas, miedos, enojos, protestas y necesidades. Todos estos con un hilo conductor: la música.

Sí, esas ideas que reflejan un aquí y un ahora que ha sido cambiante de forma paulatina a veces, vertiginosa otras pero siempre, siempre en apego a una realidad que se mueve a través de una o cientos de canciones.

Y así, aquí estamos: en otra realidad. Una que tiene políticos más ruines, mayor corrupción y apatía y, por supuesto, música que refleja ese tiempo donde lo profundo se vive desde la frivolidad de la foto, la historia en redes, de la melodía que se repite incesantemente.

Una realidad que nos tiene frágiles. No, no es una realidad que nos gusta experimentar.

Pero ni nosotros ni ningún físico cuántico ha descubierto la manera en la cual podríamos saltar a un universo paralelo donde las cosas estén tal y como quisiéramos y, aunque así fuera, de todas formas habría algo de esa realidad que nos molestaría. 

Sí, podría haber la posibilidad que no lleguemos al día 10 mil, o a la mitad o, incluso, al 4748. La incertidumbre, esa pulsión de muerte, es latente momento a momento en este concepto donde esperamos, una vez más, tener la suerte, la buena suerte de continuar creciendo.

En esa pulsión, lo que nos queda es construir para trascender, evitar -más que el olvido- la indiferencia hacia un trabajo avocado a la sociedad con todo el riesgo que se necesita imprimir para demostrar que queremos cambiar tanto como el día uno aunque, con ello, se pierda a aquel radioescucha que prefiere, 13 años después, la costumbre a la vanguardia.

Para terminar, una nota personal: a mi cargo he tenido a una infinidad de nombres y talento en estos años (¿No me creen?, hagamos el intento de mencionarlos a todos:

Polo Yepez, Gabriel Altamirano, Karina Michel, Roberto Guzmán, Carolina Rocha, Mariana Hernández, Israel Pérez, Antonio Escobosa, Mauricio Foullon, Héctor Padilla, Tania García, Rafael Hernández, Ismael Sierra, Victor Fregoso, Jorge y Diego Ibañez, Antonio Luna, Ramón Luna, Nora y su novio, Micro, Pablo González, Carlos Rubio, toda la camada del programa COMIX, Jair Cardoso, David Silva, Alan Bravo, Eduardo Vargas, Fernando el natillero de Celaya, Miriam Rascol, Hector Ramírez -más conocido como Rosa Concha-, Carlos Faudoa, Madela Bada, Armando Espiricueta, Fátima Varela, Cynthia, Aristóteles, Federico Orozco, Rodrigo García, Ana Araujo, Gabriel Zarzosa, José Alfredo Sánchez, Chuck Pereda, Michel Friedman, Pablo Islas, el Muñecón, Gustavo Rodríguez Reyna, Sebastian Llapur, Jessica Ortiz, Luis René Camacho, Xavier Ocampo, Romina Pons, los de “El Círculo” en Querétaro, Enrique Robles, Alejandro de San Miguel, Carlos de Querétaro, el Subcomandante Taco, Mariana López, Zavaleta e Ibarrola junto con el viejecito de los deportes de Torreón, Alex Fernandez y compañía que hacían “Noi”, Teo y Chemín, Alvaro Velasco, Miguel Galán, Alberto Lujambio, Diego Mendiburu, Don Limón y Aaron en Cancún, Nachito, Gerardo Castillo, Salvador Leal y Alberto Cruz, Rafael Álvarez, Jorge Torres, Benjamín Mijares, Paola García, Leticia Corrales, Raúl Guzmán, Fernanda Guerra, Rodrigo Arpón, Alejandro Domínguez, Javier Berain, Paul Moch, Julio González, Juan Manuel Esquivel, Elizabeth Bobadilla, Canija Lagartija, Habacuc Guzmán, Ari, Vladimir, Zul de la Cueva, Fernanda de la Torre, Francisco Herrán, Patricia Peñaloza, Lucero, Cristian Cambressy, Clemente Castillo, Rafael Sarmiento, Alejandro Hermosillo, Bernardo Santana, David Gómez Álvarez, Bernardo Cornejo, Fernanda y Mabela, Daniel Moad, Moises Triana, Paulina Carreño, Amin Cárdenas, Karla Preciado, Nacho Lozano, Darwin Franco, Miguel Solís, Ricardo Castañeda, Joanna Pirod, Yves Stoopen, Fausto Aragon, Carlos Celis, Cesar Rodríguez, Marco el Negro, Oscar Campos, Jesús Cortes, Irving Shaji, Melissa Flores, Claudio el de Gamers, Rodrigo Nieto, Rogelio Magaña, Jorge Ugarte, Francisco Madero, Ileana Mar, Elizabeth Sánchez, Daniel Larauri, Oscar Campos, Polita y el de Sneakers, Victor Zenteno, el Migue, Eloy, Armando, Gerardo, Javier, Enrique, Ernesto López Mota, Jaime Gallardo, Khalia Zavala, Carlos Andrade, Fernando Benavides, Nestor Elí, Geraldine, Mar y hasta la viz sexy).

Todos ellos han entrado, salido y hasta vuelto a entrar en circunstancias disímbolas. Pocos podrán decir que lo hicieron de la forma típica. 

Algo me queda claro: para la gran mayoría, hay un antes y un después en su vida tras estar en RMX. Espero pase lo mismo en la de quienes nos escuchan, nos debaten, nos hacen parte de su cotidianidad.

Eso sí sería tener buena suerte.

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